1958—Réquiem

1958—Réquiem

…. El sol se levantó sobre una polvorosa casa hecha de madera y lodo. En frente del jacal se imponía un arbol esqueletoso, una entrada, y un viejo cerco de estacas. Adentro era una atmósfera silenciosa—con excepción de un resuello ocasional, una toz discreta, y un susurro sibilante. El pequeño cuarto era templado, sofocado y alumbrado con velas. Los rayos del sol apenas se filtraban atraves de un par de cortinas. En el aire había un aroma a cebollas; su fuente: un plato hondo con agua debajo del ataúd. Hombres y mujeres de la vecindad vinieron a ver la cara sin vida. Se persinaban, intercambiaban miradas, y se iban. En una esquina, un grupo chico de mujeres se quedaron para intercambiar información. —¿Cómo puede ser posible?—. —No lo puedo creer—. —El era un joven bueno—. Doña Avila se removió sus lentes gruesos y los limpió. —Un hombre de muy buenas costumbres—. Lupita se persinó. —Tan respetuoso con las gentes—. Rosalinda, poniendo una mano sobre sus labios, suspiró. —Lo vamos a extrañar—….