1951— Valle de Santa Clara (Español)

1951—Valle de Santa Clara (Español)

Un aeroplano de doble motor cruzó sobre las montañas. Desde unos cuantos cien pies en el aire, los pasajeros miraron abajo el Valle de Santa Clara. Dieron un suspiro hondo cuando el piloto apuntó un panorama reventándose de agricultura. Habia acres y acres de tierra cultivada expandiéndose a lo largo hasta donde la vista alcanzaba. Huertas, llenas de ciruelas, cerezas, chabacanos, nectarinas, peras, zanahorias, ajo, alcachofa, lechuga, y toda clase de vegetales, rodeaban las ciudades. Había fabricas de enlatados construidas próximas a los campos de cultivación y rieles de ferrocarril. —Esos son el pan y mantequilla de la gente obrera —dijo el piloto sobre el zumbido de las maquinas—. Y tenía razón, considerando que el Valle de Santa Clara no nomás era el arquetipo de agricultura moderna, pero también la afluencia de emigrantes—muchos de los cuales eran hispanos. —Hay muchas oportunidades para ustedes aquí —el piloto reafirmó a los jóvenes estudiantes de ingeniería de la Universidad de Stanford—. Muy pronto este valle se convertirá en un centro de innovaciones en la electrónica gracias a los corrientes contratos federales y a la visión de nuestra Universidad de Stanford, la cual es de fomentar innovación en la investigación y desarrollo de esta área. También ya se comienza un desenvolvimiento en los campos de manufacturas, comercio, y ramas del gobierno. Todo esto crea un panorama de oportunidades para nuestros estudiantes de colegios y universidades.

Una cosa que el piloto no izo por informar era que en esos acres de tierra fértil, y bajo la tal rica economía del valle, vivía una clase social de emigrantes de bajos ingresos y baja educación. Sin embargo, esta clase olvidada obrera era también una fuerza importante para la economía robusta del valle. Sin ella, las tierras no se cultivarían, árboles no se podarían, y la fruta en las huertas no se pizcarían. Así que, a pesar de su importancia a la economía, la mayoría de emigrantes vivían en condiciones deplorables.

 

CUANDO Julián llegó al valle, su casa era cualquier lugar bajo un puente. Comió comida enlatada y se calentaba con pequeños fuegos que hacía. A veces la cola de humo se iba hacia los caminos de arriba y llamaba la atención de gente en autos. En ocasiones algún chofer paraba a inspeccionar, pero una ves que miraba a Julián bajo el puente, movía la cabeza y continuaba su viaje. Esto izo que Julián tuviera mas cuidado—no quería otro oficial preguntando por sus paperrs.

Cuando estaba en sus últimos centavos, comió Twinkies (un pan dulce, muy barato, y empacado en plástico). De otra manera, comía lo que pudiera comprar con un par de monedas.

Finalmente, se le acabó el dinero, y comió el último Twinkie. Ahora se dio cuenta que tenía que encontrar a su primo, Chon, y pronto. Pero se hacia oscuro, así que por lo pronto decidió dormir bajo un puente. Temprano el siguiente día, se levantó y caminó por millas buscando a los campos de cosecha de Cupertino. Cerca del medio día, llegó a un rancho en Sunnyvale de los Ravizas, una familia italiana. Julián cruzó los campos, débil y cansado, hasta llegar a una casa. Luego tocó en la puerta.

El ranchero abrió y quedo sorprendido cuando miró una persona alta, huesuda, cara pálida, y ojos hundidos.

—¿En que le puedo ayudar? —le preguntó, sin estar seguro si debía hacerlo—.

Julián no pudo decir nada, así que le enseñó una carta que traía de su primo Chon.

—Si, aquí el trabaja —dijo el italiano en español y con poco acento—. Vive en las casas proveídas a los trabajadores, pero en este momento está trabajando. ¿El es su pariente?

—Mi primo —dijo Julián en voz baja.

—Oh, su primo. El no regresa hasta ya tarde. ¿Ey, has comido algo este día?

—No —le contestó con la boca seca—.

—¿Por qué no vas al granero a descansar? Te haremos un sándwich. Allí puedes esperar a tu primo.

Julián fue al granero y pronto calló dormido arriba de una pila de paja. No durmió mucho cuando de repente sintió algo tocándole el brazo derecho. Abrió los ojos y miró una niña sanguina de cinco años, mirándolo y con un plato de sándwiches y un vaso de agua. Le dio los sándwiches y corrió contenta de regreso a casa.

Después que comió, Julián durmió con el estomago lleno. De ves en cuando era despertado por los constantes resoplidos de uno que estaba allí compartiendo el granero—pero aun así, el estaba contento de poder descansar en un granero, con el estomago lleno, y hasta un carajo caballo de compañero.

 

AL OTRO DIA, Julián comenzó a trabajar en los campos y después en las fábricas de enlatados. Con el tiempo, la vida mejoró y pudo rentar su propio apartamento. Era un apartamento viejo con pocas amenidades; pero el siempre había vivido en pueblos rústicos en México, así que para el era estar en el cielo. El apartamento estaba a un lado de su empleo, que era un campo de cerezas. Después, ahorró bastante dinero para el enganche de un automóvil. Esteban, el cual vivía en Fresno con su familia, respaldó con su firma el préstamo. Desde ese día, Julián orgullosamente se refirió a su carro como su “carro nuevo.”

Pasó mas tiempo y su trabajo en la fábrica de enlatados se izo permanente y el se radicó en Cupertino. Después de eso, el comenzó a vivir cómodamente y a comprar ropa nueva. Por fin, un día fue orgullosamente a Mexicali en su carro nuevo y vistiendo ropa nueva, y fue a mirar su familia que había dejado atrás.

Cuando sus hermanos lo miraron, vieron que era un hombre cambiado. Tenía un bonito coche, bonita ropa, y mucho dinero. DJ también notó el cambio en el momento que apareció en la puerta. Aunque no podía evitar sentir un poco de envidia, el sabía que era mejor así—ahora el podía compartir dinero con la familia. Adentro de su corazón, DJ también estaba contento que su hijo haya sobrevivido y estaba haciendo bien en su país natal.

 

CAPITULO 6—TERMINANDO EL PASADO

1952—Las cuarterías

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